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El Purgatorio, ¿Mito o realidad?
Implicaciones:


Purgatorio, en la teología católico-romana y oriental es un estado de expiación, en el que las almas, después de la muerte, o se purifican de sus pecados veniales (pequeños) o sufren el castigo temporal que, una vez redimida la culpa del pecado mortal (grande), debe sufrir aún el pecador. Ellos suponen que así se asegura la felicidad última de las almas.

En realidad el purgatorio es una falsa esperanza que tienen los que no desean dejar el pecado en vida material para asegurar la vida eterna y para aquellos cuyos familiares han fallecido en impiedad, pero esta no era la esperanza que tenían los cristianos de los primeros siglos.

Cuando apedrearon a Esteban, leemos que este primer mártir de la fe cristiana, dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Y cuando Pablo tenía incertidumbre sobre si moriría en Roma, declara "quisiera más bien “ser desatado y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”. Pablo no habla de ir al purgatorio sino de estar con Cristo.

Alguien podría argumentar que Pablo merecía ese premio inmediato pero que esto no sucede con todas las personas. Sin embargo este no era el caso del ladrón que murió crucificado al lado de Jesús, a quien el Señor se dirigió con estas palabras: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

También argumentan que el mismo apóstol declara que hemos de ser probados por fuego (1ª Corintios 3:12-15). No obstante, esto es una mala interpretación de la Biblia, en ella no dice que nosotros tengamos que ser probados por fuego, sino la obra que hemos hecho. No hay ninguna indicación de que el cristiano tenga que ser sometido a ningún fuego purificador, sino que dice: “la obra de cada cual será probada por fuego”.

Muchas personas no se consideran bastante malas para merecer el infierno, ni suficientemente buenas para merecer el cielo. Pero... ¿Dónde queda la obra de Jesús si por nosotros mismos pudiéramos ganar el cielo. El Hijo de Dios no se hubiese hecho hombre ni hubiese querido “padecer por los pecados. El Justo por los injustos para llevarnos a Dios”, como dice Pedro. Todo lo que pretendamos hacer para nuestra salvación sería en menoscabo de su obra redentora.

¿Toda persona que no sea muy piadosa tendría que ir a arder en el infierno por toda la eternidad? La Sagrada Escritura resume en una sola palabra el destino de quienes han rechazado la salvación de Cristo, los llama “perdidos”, y llama “salvados” a quienes la han aceptado y agradecido. Tanto unos como otros recibirán premio o castigo “según sus
obras”.