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LA IGLESIA EN ZONA DE GUERRA


Por Julio César Pérz Majico 
(Presbítero Zona Santa Ana, Asambleas de Dios El Salvador)

Es necesario detenernos cada cierto tiempo, cuando menos cada año, para dar gracias a Dios por su protección. Si miramos atrás nos daremos cuenta que somos sobrevivientes de terremotos, guerra civil y otras calamidades. Al mirar atrás recordamos a compañeros, siervos de Cristo que cayeron en el campo de batalla, víctimas colaterales o directas de la guerra fratricida, aunque ellos sólo luchaban con el arma de la Palabra de Dios para liberar a las almas de las garras de la tinieblas.

Hoy día nos damos cuenta que la iglesia debe mantenerse como antes, "a la vanguardia espiritual" y no detenerse en la peligrosa zona de guerra contra el pecado y la muerte eterna. Para eso, es necesario mantenernos en el mover de Dios, que es lo que conocemos como "avivamiento"  y estar consientes de que ningún ministerio, departamento o método puede lograrlo; el avivamiento lo hace Dios y no nosotros, y Si bien Dios lo hace a través de ministerios, departamentos y pastores; tal y como organizadamente lo hizo Jesús con sus discípulos, debemos mantenernos creyendo que este es vertical, descendente, y no horizontal.

¿Qué está pasando en la actualidad con la iglesia? ¿Cuál es su tarea? En primer lugar debe cumplir el deseo del Señor: no hacer del templo un punto de negocio personalista, no nos referimos con esto a las actividades que los ministerios realizan para financiar la difusión del evangelio; sino a aquellos cuyas intenciones son lucrarse del la fe y no beneficiar la obra.

Cuando nos preguntamos: ¿Porqué no llega el avivamiento? encontraremos otro aspecto: Algunos quieren que se haga caprichosamente lo que ellos dicen. Comprendamos que Dios no hizo la iglesia como un museo santo,  para estar encerrados como ermitaños. La hizo para proclamar el amor sobre el odio, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, y las obras del espíritu sobre las obras de la carne.

¿Cómo reconoceremos un avivamiento? Cuando el Señor llega es conocido. Llega para derramar su Espíritu. En este tiempo de crisis se necesita el Espíritu Santo para que nos dé prudencia, sabiduría y nos ilumine a confiar únicamente en El. Es el tiempo que las vacas sagradas salgan.

Cuando el Señor llega, lo hace para darnos pasión por los perdidos, para darnos urgencia por buscarles y no tener tiempo para hacer el mal.

¿Qué debe ser la iglesia en esta zona de guerra? Un negocio pero cuya ganancia sean las almas perdidas, todo lo que hagamos debe apuntar a eso.

 La iglesia no debe perder su tiempo en intercambiar miembros y pelear por ellos. La iglesia no debe dormir, puesto que el enemigo aprovecha y siembra cizaña.

La Iglesia debe tener un espíritu obediente y no legalista. El legalismo ataca a los jóvenes y niños alejándolos del amor y misericodia de Dios con el mazo de la incomprensión. Debemos recordar que los niños y jóvenes son la esperanza de la iglesia, los jóvenes son el eslabón entre la iglesia actual y la subsiguiente. Los niños son la iglesia del futuro. Debemos tener presente que los niños no conocen el lenguaje religioso, ellos dicen "era ciego y ahora veo"

En una iglesia en zona de guerra, en este mundo lleno de odio, muerte y falsedad, el Señor llega para atacar el pecado, para que se haga lo que ha enseñado, para poner orden en su casa, para dar fe de su pueblo y después poner orden en el mundo. Sepamos que la iglesia pasará por la crisis de la prueba antes del gran día del rapto. Seamos buenos soldados.