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TERREMOTO EN HAITÍ
 
LOS HECHOS:
Un sismo de 7.0 grados en la escala de Richter sacudió la isla de Haití el pasado martes 10 de Enero.

Muchas viviendas y otras edificaciones como hospitales no soportaron la violenta sacudida y se derrumbaron pudiéndose oír los gritos de la gente que pedía ayuda.

“Todos estaban aterrorizados y atónitos” dijeron testigos. “El cielo se tornó gris por el polvo” son las expresiones de extranjeros que presenciaron el desastre.

Un camarógrafo de AP vio caer el hospital en Petionville, impresionado, el técnico no pudo dar más detalles.

El panorama de Haití es ahora desolador, luto y hambre. Las ayudas internacionales no son suficientes para cubrir las necesidades de los sobrevivientes. Muchos se dedican al vandalismo
Los daños que dejó el sismo fueron catastróficos. La isla que ya estaba sumida en la pobreza generalizada,  herida por la guerra civil, ha quedado prácticamente devastada con el desastre natural.

COMENTARIO:
Ante situaciones como la de ese país caribeño, es fácil apresurarse a emitir un juicio sin los elementos suficientes para emitir una opinión acertada.

En primer lugar debemos tener mucho cuidado con la posición desde la que emitimos nuestro juicio, ya que fácilmente podríamos caer en valoraciones superfluas, ignorando la verdadera intención del corazón de nuestro Dios.

 Si adoptamos la posición de profeta se debe tener en cuenta que éste va delante, motivado y enviado por Dios, quien en su amor por la humanidad no quiere que nadie se pierda (Juan 3:16). El profeta es enviado con anticipación al juicio y advierte de la transgresión en esperanza de que los transgresores se aparten de sus iniquidades y eviten las consecuencias del castigo. 
Quien desee colocarse en la postura de profeta también deberá tomar en cuenta que una sentencia pronunciada después del hecho no sería ya profética, sino mas bien escarnio para el que sufre

Al conocer la personalidad de Dios por las escrituras podemos afirmar que es dudoso que tal actitud sea producto del amor de Dios por las almas en pecado y de su acción salvadora.

Otro aspecto que no debemos olvidar al juzgar a posteriori es nuestra propia condición de pecado, así como la condición de rebeldía de nuestros propios pueblos. ¿Quién puede lanzar la primera piedra? (Juan 8) ¿Acaso no son también nuestros países  dignos de juicio?

¿Porqué tan duro golpe para Haití? ¡Cuidado! ¡No hables con pretensión si Dios no ha hablado! En primer lugar, aunque no hayan estadísticas al respecto estoy seguro que muchos justificados por Cristo perecieron en el desastre de Haití. Digo esto porque lo he visto suceder en otros países como en El Salvador en donde un bus con fieles que venían de “exaltar” al Señor fue arrastrado por una repunta y sólo uno de sus ocupantes se salvó de morir ahogado. Sé de muchos otros casos pero el espacio asignado a este artículo no me permite referirlos por el momento.

Lo que podemos afirmar con certeza es que el desastre en Haití se debe al pecado introducido por Satanás en el mundo, puesto que Dios no se complace en provocar dolor y muerte.  Los desastres en El Salvador, Haití, México, Guatemala y muchos otros  pueblos se deben al pecado practicado por el hombre desde que Adán se sometió al señorío del enemigo de Dios.

Ciertamente tanto Haití como cualquiera de las naciones en las que habitamos ha rechazado cada una el señorío de Dios y por ello Él no puede extender su mano para asirnos por completo y librarnos de la muerte y la destrucción, pero aún es tiempo de salvación y no de juicio.

En cualquier lugar del planeta, por muy seguro que allí alguien se sienta, llegará tarde o temprano la destrucción y la única garantía es la vida eterna que nos ofrece Cristo.  De modo que, ya sea que muramos o que vivamos, seamos siempre del Señor.

Oremos por Haití para que se levante para Cristo, oremos por nuestros países porque todos estamos en la misma condición de fragilidad y necesitamos que Dios gobierne por completo nuestras vidas. Anunciemos el evangelio a tiempo y fuera de tiempo, lo cual es la auténtica voluntad del Señor Jesucristo quien dio su vida por todos.